Aquel, este y otros doces.

“Hace dos años mataron a Bassil”, acabo de leer por ahí. Dos años ya, qué impacto.

Yo, hoy, vengo de firmar la renovación de mi contrato que me permite seguir lejos por otro rato y llevar una vida normal, en lo que cabe.

Qué difícil es digerir esto.

Primero, porque ése pana murió por manifestarse en contra de un régimen obtuso que no ha hecho más que destruir la capacidad productiva de la nación y separar familias, almas y corazones. Él también debería estar renovando un contrato o comenzando un trabajo nuevo, o pensando qué regalarle a la novia dentro de dos días.

Protestar no es un delito, es un derecho constitucional. Además, él nunca se imaginaría la reacción de los esbirros. Nadie sabría, tampoco Geraldine, menos Génesis, o el resto importante de caídos durante ese día de persecución, opresión, dolor, impotencia y miseria. Tan solo era el Día de la Juventud, un día más para expresarse por un cambio.

Segundo, porque de haber estado allá, con muchas ganas y orgullo hubiese salido a protestar también, así como Roberto, como lo hice muchas veces siendo parte del movimiento estudiantil. Yo tampoco estoy de acuerdo con las políticas que impone el estado, mucho menos con su sistema de gobierno y ni hablar de sus representantes y los resultados palpables de estos 17 años de involución. Soy fiel defensor de la meritocracia, y creo que para gobernar un país o hasta una pequeña parroquia, hay que tener cualidades positivas e intelectuales comprobadas, más una buena capacidad de gerencia (no necesariamente un título, pero al menos cuatro dedos de frente). Lastimosamente, en el chavismo, de eso, poco. Solo se ve maldad y un deseo impresionante de cubanizar y analfabetizar a una patria hacedora de libertadores y libertades.

Y tercero, porque uno sigue la vida como si nada, a lo venezolano. Casi nadie prende una vela, solo se siguen haciendo chistes. No sé si es que uno nació insensible para eso o las circunstancias lo dejaron a uno medio loco. Comentas algo doloroso y a los cinco minutos estás haciendo burla de una imagen o cualquier otra vaina que aparezca en el muro de la red social donde estés o, en persona, cambias el cuento de carajazo. Hay una bipolaridad absoluta.

Y, a pesar de todo, muchos piensan que es admirable, esa capacidad del venezolano de reír cuando hay que llorar. Andando lejos, hablando del país de uno, de las locuras que se ven en la calle, mientras la gente aterrorizada te pregunta: “¿Y aún así volverías?” y uno con una esperanza absoluta y con el corazón grandote responde: “¡Claro que sí! Apenas pueda”.

Vamos a estar claros, hay que estar loco ‘e bola.

En mis viajes, he conocido mucha gente, de todos los tipos. Patriotas, liberales, neo-liberales, demócratas, de derecha, de izquierda, racistas, extremistas, marxistas, comunistas, apátridas; humanos con distintas maneras de pensar, y ya, buenos y malos. Pero ningún grupo es como el nuestro, no están tan locos. Aman a sus tierras, y las defienden, pero les ofrecen pajaritos preñados en otra parte y muchos se van sin pensarlo, de bolas, si allá la vaina está bien, ¿para qué se van a quedar en un lugar donde están llevando palo y palo? Después se buscan a alguien que les de calor, se quedan y se sacan el pasaporte nuevo.

Para nosotros no es tan fácil, es como si nos hubiesen sembrado la patria en el alma, como si hubiésemos nacido con un araguaney en el pecho. ¡Tremendo peo, chamo! Qué chévere sería hacer patria en otra parte y olvidarse de todo. Pero no, así no son las cosas, al menos no para mí. Hay sentimientos de permanencia y de hermandad, donde un guaro defendería a un caraqueño en España; donde un llanero le daría la mano a un oriental en Australia; donde un gocho le daría cobijo a un maracuho en Alaska. Aunque en la propia Venezuela nos andemos echando vaina entre todos. Si estás fuera, quieres volver porque se descansa es en casa.

Y bueno, son esos sentimientos, (la patria en el pecho, el amor por la gente y por Venezuela), los que nos permiten partirnos el lomo, tanto a los que se quedaron como a los que se salieron, porque hay que seguir luchando y trabajando por el país.

Volverán en algún momento los que se fueron, con la esperanza intacta y el corazón grandote para ayudar a los que se quedaron a reconstruir lo que nos dejen; a pesar de las tragedias, en honor a los caídos, pero con mucho cuidado, porque gracias a esa gran habilidad de reír para no llorar, es que estamos jodidos. Porque nos guardamos todo en ese pecho tan grande que tenemos, debajo del araguanay, y no nos quejamos sino cuando ya el pobre árbol está marchito y en ese suelo no crece más ná. Si somos tan escandalosos hasta para echar un cuento, también podemos ser bien escandalosos para quejarnos.

Hace dos años mataron a Bassil. Hace dos años era el Día de la Juventud y hoy también. Hace dos años mataron a Roberto y tristemente, cada día muere alguien más. Hace casi dos años metieron preso a Leopoldo. Desde hace muchos años estamos sufriendo todos. Hace años se previó que habría crisis energética. Hace años se vió como comenzaba la crisis alimentaria y los containers con comida podrida de PDVAL. Hace un par de años empezaron a trastabillar los precios del petróleo. Hace años se ve la magnitud de la corrupción y del narcotráfico. Hace doce años se creó CADIVI. Hace años que le tienen la guerra montada a la libertad de expresión. Hace casi tres años yo también me fui del país y hace dos horas que renové mi contrato, pero sé voy a volver, apenas pueda a vivir mi patria.

Y, vale la pena recordar que, hace dos meses y pico, elegimos a los nuevos diputados de la asamblea y hace un mes los pusimos en el hemiciclo. Ahora es que esto comienza. ¡Aguante pueblo! Siempre hay una luz al final del camino, sigamos trabajando por el país. No hay apagón que nos desvíe del camino de la verdad. Yo sé que sí se puede recuperar a Venezuela y juntos, vamos a  lograrlo. Tendremos el futuro que todos nos merecemos, luchando y trabajando.

¡Gracias muchachos!

El honor, a ustedes.

Venezuela12Feb2014

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